Hace unos días la Comisión Europea ha presentado la “Estrategia de relevo generacional en la agricultura”. Resulta interesante comparar esta propuesta con la realidad cercana del sector primario.
La nota de prensa destaca que la edad media de agricultores y ganaderos en la Unión Europea es de 57 años. Sólo el 12% del total tiene menos de 40 años, entrando en la definición de la propia UE de “joven agricultor”. La población rural en general ha disminuido y entre 2013 y 2019 los jóvenes entre 15 y 24 años han pasado de 3.6 a 1.9 millones. Finalmente, los jóvenes están más sujetos a regímenes de tenencia distinto de la propiedad y están más expuestos a dificultades económicas y de acceso a la financiación.
A partir de estas cifras, la Comisión Europea se plantea que, para 2040, el porcentaje de jóvenes agricultores (y ganaderos, naturalmente) pase a ser del 24%, el doble de la actualidad.
La estrategia presentada pretende implicar a los gobiernos nacionales a partir de las recomendaciones de la Comisión y estos esfuerzos “garantizarán un sector agrícola sostenible, resiliente y atractivo para el futuro”.
Teniendo en cuenta que la Comisión presenta “recomendaciones” y sus propuestas deben pasar el filtro de los gobiernos nacionales es muy dudoso que se pueda ver algún resultado tangible. Será interesante saber cuál va a ser el nuevo objetivo dentro de diez años.
La Comisión Europea es la responsable de gran parte de las dificultades que está pasando en sector primario en Europa y resulta poco creíble que a estas alturas vaya a cambiar algo. La enorme dependencia de la agricultura y ganadería de las ayudas comunitarias ha dado paso a una auténtica tiranía, limitando la autonomía de los empresarios para desarrollar una actividad mínimamente rentable. Los objetivos de sostenibilidad han supuesto un freno para el crecimiento de las explotaciones y una pesada losa para la supervivencia de los agricultores.
El informe titulado “El futuro del sector agrícola español”, elaborado por PwC y AEPLA y presentado en 2017, constataba que algo más del 20% de los productores encuestados declararon que el futuro de la explotación que trabajaban era el cierre o la desaparición. La continuidad de la población rural depende de la posibilidad de trabajar y esto es imposible si una de cada cinco explotaciones va a cerrar en el futuro. El 79% de los agricultores declaraban que el futuro de la agricultura era malo o muy malo.
Los problemas que plantea la Comisión Europea son reales, pero no parece que una batería de sugerencias y una hoja de ruta sean suficientes para cambiar una tendencia que, más que una estadística, es una certeza que podemos comprobar apenas nos paseamos por cualquier pueblo. La nota de prensa no menciona el malestar del sector ni se hace eco de las protestas que todos conocemos.

